Una verdadera nueva Argentina

A menudo me encuentro escuchando amigos debatiendo sobre peronismo o radicalismo, capitalismo o comunismo, demócratas o republicanos. Que si el socialismo piensa en la sociedad y el neoliberalismo en la libertad. Los escucho, los observo y como espectador me siento como científico mirando a dos monos cagar en sus jaulas. No es una mierda especial. No son monos entrenados ni de alguna raza en particular. Sólo monos cagando en jaulas cumpliendo sus principios biológicos esenciales.

Los monos cagaron durante miles de años y lo seguirán haciendo (al menos espero que así sea y que no seamos los culpables de su extinción), siempre siendo monos. En cambio, si bien los humanos también realizamos la actividad intestinal, evolucionamos de forma diferente. Los monos y los humanos somos primos y descendemos de un mamífero de hace millones de años (algunos científicos sostienen 8 a 10 millones de años, pero no hace a la metáfora ahondar demasiado). Uno de los dos sigue pelando bananas sólo para comer; el otro la comercializa en un mercado millonario.

¿No será hora de salir de la jaula? ¿No deberíamos pasar a ser el primo evolucionado?

El fenómeno no es exclusividad nuestra, pero aquí el riverboquismo (esa obligación de pertenecer en un extremo u otro sin reconocer el amplio abanico de posibilidades) lo potencia a niveles exacerbados.

En Argentina se sigue hablando del peronismo. Incluso varios políticos llegaron a la presidencia diciendo que eran peronistas. Cuando ganaron lo eran pero, cuando perdieron, nadie los identificó como tales. Alguien dijo hace un tiempo “es que el peronismo no es un ideal, es un movimiento”. ¿Y que es el movimiento político sin un ideal? ¿Se imaginan a Stalin llegando al poder con sus primeras palabras “voy a abrir mil McDonalds y concesionarias Ford”? Ojo que en Estados Unidos la historia no es muy diferente: Obama asumió como demócrata y lo primero que hizo fue aumentar las tropas, terminó su mandato siendo el presidente con mayor cantidad de deportaciones de la historia (3 millones) y no permitió la apertura de información financiera como sí lo hicieron varios países del mundo (por citar algunos ejemplos).

El hecho es que Perón murió. Para bien o para mal, haya gustado o no, murió y no habrá otro Perón.

El caso del radicalismo es hasta peor. Siendo un partido tan antiguo y habiendo contado con tantos políticos importantes, resulta imposible plantearse hoy cuáles son los ideales del radicalismo. La UCR se dividió varias veces en la historia, llegando incluso a tener una parte peronista (tal cual acabas de leer). ¿El radicalismo es radical? ¿Socialista? ¿Neoliberal? Solamente es otro movimiento y, cuando me refiero a movimiento (como en el peronismo), quiero decir “instrumento para llegar al poder”.

De la izquierda no hay mucho para hablar más que atrasa 100 años.

¿Hablamos del comunismo? “Sí, que todos tengan su pollo y arroz, pero a mí déjame ver a Racing en el LED de 50”. El comunismo es la primera estructura errónea de control de las masas: un pastor y el rebaño de ovejas encerradas. Las ovejas son todas iguales, comen todas lo mismo y todas reciben el mismo trato: producir para el pastor y su familia el plato de morfi.

El capitalismo tiene una premisa hermosa: “que crezca el que quiere y le pone ganas”. Pero no crece el que quiere y le pone ganas, crece el primero que está dispuesto a cagar a los otros que estaban al lado y que también querían crecer. Es el ambiente ideal para los psicópatas, aquellos que no tienen problemas de ensuciarse las manos para echar gente, mandar soldados a la guerra o crear nuevos pobres. En la punta de la pirámide del capitalismo no se encuentran personas sensibles, por más que ellos mismos crean sus propias fundaciones de premios de filantropía y revistas de “personalidad del año”.

Entonces, ¿de qué hablamos cuando hablamos de ideales?

Los ideales tienen que ver con conceptos que nacen a partir de uno y no de alguien que dijo que debo tener. Los ideales se construyen a base de principios, valores, convicciones, ética y moral.

Mis ideales tienen que ver con ser respetuoso con la gente. Mis ideales tienen que ver con decir la verdad. Mis ideales tienen que ver con castigar la corrupción y no permitir el engaño. Estos son ideales. Y, si observamos los ideales genéricos de las personas, identificamos más similitudes que diferencias. ¿Acaso alguien quiere más niños muriéndose de hambre? ¿Puede haber una gran cantidad de personas que deseen más desempleo? ¿Adoraríamos entrar en guerra con un país vecino para tener que vivir en situación de emergencia, sin energía ni alimentos?

Nadie quiere eso porque los ideales, para la mayoría de los argentinos (y hasta me atrevería decir del mundo), son similares. Entonces, ¿por qué nos arrancamos los pelos cada vez que hablamos de política, hay elecciones y o recordamos historias pasadas? Porque desde entonces hasta el día de hoy en algo nos hemos equivocado. Confundimos el camino. Dejamos engañarnos por un puñado de oportunistas que vieron nuestra grieta mental. Nos plantearon la idea de “nosotros somos buenos, aquellos son malos” y les creímos. Creímos que uno pensaba en la sociedad y el otro no. Creímos que uno no adoctrinaba y el otro sí. Creímos que uno era títere de alguna potencia extranjera y el otro no. Establecimos el riverboquismo como modo de vida. Incluso lo consolidamos porque antes pudo ser unitarios o federales, extranjeros o criollos, etc.

Será momento de comprender de una buena vez que tenemos que comenzar desde el principio: nosotros. Nuestros ideales son los que importan. Vendrán tipos con ideas de afuera, insistirán en ser “la verdadera reencarnación de X”, propondrán un cambio real y prometerán una noche a todo lujo con su hija. Lo único que tiene que importarnos es lo que sentimos nosotros, y seguramente sentimos que no queremos más chicos desnutridos, gente sin laburo, escuelas sin gas, rutas destruidas y trabajo en negro.

Y el último -y no menos importante- punto: no los defiendan. No lleguen incluso al grado de violencia para defenderlos. Los tipos son poderosos, están forrado en guita y tienen cómo y con qué defenderse. Es estúpido llegar a cagarse a trompadas con el vecino sólo porque no le gusta la persona que a vos sí. El poder es de la gente, no de ellos. Ellos son empleados elegidos por la gente que llegan para cumplir con cierta responsabilidad y retirarse. Deben rendir cuentas a la gente, verdadero jefe, por lo que hicieron y dejaron de hacer.

Las cosas cambiarán a partir de un despertar de la gente. De tomar conciencia sobre sí mismos y que, en el caso de un país democrático (con todo lo bueno y lo malo que pueda llegar a haber en ello), el que tiene el poder es la propia gente.

El pasado debe enterrarse. No hay más caudillos. No hay más movimientos. No los necesitamos. A partir de ahora se trata sobre el pueblo y sobre funcionarios que cumplan con los ideales que tiene el pueblo. Es hora de que el argentino le diga adiós al pasado.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s