La eliminación de los grises

Desde hace mucho tiempo venimos hablando de la famosa “grieta” o, como lo he llamado, el “riverboquismo”. Cuando hablé de riverboquismo me refería puntualmente a los argentinos, pero no es exclusivo nuestro. El riverboquismo existió y existe en todo el mundo y seguirá siendo una de las herramientas más utilizadas por las pocas –pero poderosas- personas que dominan en el mundo.

El antagonismo proviene desde Adán y Eva y, a lo largo de la historia, expresiones como “divide et impera “, “divide et vinces”, “divide ut imperes” y “divide ut regnes” fueron utilizadas por tipos como Napoleón o Julio César.

Pero, ¿por qué es importante dividir para reinar? Porque la división nunca se formula en los grises. La división surge a partir de los polos opuestos ya que es ahí donde reside el punto cognitivo más alto y desde donde podemos salir al ataque.

Al que le gusta el fútbol en general y observa numerosos torneos y equipos de todo el mundo, cuando ve que un club como Barcelona juega en forma deliciosa, la persona disfruta verlo. Ahora, si la persona es ultra fanática de un club (supongamos en este caso River porque jugó el mundial de clubes 2015 con Barcelona), la persona va a buscar excusas, decir que “ganaron de casualidad”, “estaba arreglado”, “no nos cobraron tres penales”, etc.

El fanatismo ciega a la persona y la obliga a alojarse en su polo para recuperar fuerzas, tal como hacía Superman que se acercaba al Sol para recuperar energía y luego salía disparado con todo.

Ahora, entre el Polo Norte y el Sur existe el resto del mundo, y es muy grande y amplio, pero quienes se dedican a defender su lado y defenestrar al otro ni le prestan atención.

El resto del mundo es lo que llamaríamos “la zona gris”. La zona gris es el amplio espectro degradé que existe desde el negro al blanco.

Es un espacio enorme al que el riverboquismo no utiliza y por eso se generan los conflictos.

En la zona gris hay expresiones como “en eso estoy de acuerdo”, “puede ser que me haya equivocado”, “me parece bien”, “dejámelo pensar”, “tenés razón”, “quiero oír tu hipótesis”, “creo que me equivoqué”, “no tengo argumentos que sostengan mi teoría”, y tantas otras abandonadas por el fanatismo.

En la zona gris se piensa, se debate, se llegan a acuerdos, se reflexiona y analiza.

En la zona gris están los puntos de consenso, el respeto por el otro al escucharlo y el respeto recibido al ser escuchado.

En la zona gris nos damos cuenta que no estamos tan alejados y que probablemente muchas de las cosas que pensábamos simplemente fueron implantadas por personas con intereses maquiavélicos que necesitan manipularnos para poder defenderlos.

Esa elite que quiere dominar necesita de fanáticos que le crean porque ellos serán quienes estén en la línea de fuego. Por eso se divide a la gente, para arrojarlos a uno de los polos y hacerles creer que ese es el lado correcto y que el otro polo es su enemigo, y el fanático hará lo que sea necesario convencido de que está en el polo correcto.

El bien o mal, norte o sur, judíos o musulmanes, izquierda o derecha, Real Madrid o Atlético Madrid, neoliberalismo o intervencionismo, blanco o negro, salado o dulce, radicales o peronistas, demócratas o republicanos.

Tenemos que optar por uno u otro y defenderlo a muerte. Y, para cuando alguna vez esa vocecita llamada conciencia nos diga “pero mirá que quizás lo otro no esté tan mal”, vamos a entrar en una crisis interna a la que psicológicamente se define como disonancia cognitiva, y para bloquearla dejaremos de pensar, intentaremos evitar la conciencia, comenzaremos a hablar a los gritos y, de ser necesario, utilizaremos nuestras manos y los objetos que tengamos en ellas.

Pero la conciencia nos seguirá hablando, aún cuando hayamos acabado con el “enemigo”. A veces en el mismo momento, a veces tiempo después, pero la conciencia siempre vuelve, y será como el cuervo de Edgar Allan Poe que nos irá carcomiendo lentamente, y no habrá violencia, cántico ni sangre derramada suficiente para que volvamos vivir en paz.

El único lugar en donde se encuentra la paz es en la zona gris porque es ahí donde respira sanamente nuestra conciencia y es ahí donde cortamos los hilos de nuestros títeres.

Es en la zona gris donde se respira libertad. No tengamos miedo de transitarla.

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