Con sus perversas acciones antes de irse, Cristina muestra su enfermedad de poder

El oficialismo finalmente perdió las elecciones. Mauricio Macri asumirá en pocos días más como el nuevo presidente de los argentinos.

Durante todo este prolongado tiempo de elecciones se debatieron todo tipo de conceptos pero fueron dos los que quedaron en boca de todos: se vuelve al neoliberalismo de los 90s o se sigue con un progresismo que funciona.

Más allá de que aún no sabemos qué hará Macri –y será tema que seguiremos de cerca porque, por su concepción, puede llevarnos al pasado-, el decir que que el progresismo funcionó en Argentina es un error.

En primer lugar, nunca fue progresismo. El progresismo tiene que ver con mejorar la calidad de vida de dos los habitantes comenzando con los más críticos, los pobres. El kirchnerismo no fue progresismo, sólo fue populismo pintado por colores de las auténticas luchas progresistas. Pero era sólo eso, pintura. Como ya he dicho antes, el “modelo cápsula” no funcionó. Queda un país pobre, con desocupación, sin reservas y con crisis educativa y de seguridad.

Y, en segundo lugar, hay que dejar bien en claro el tema. Macri no ganó las elecciones, fue el kirchnerismo quien la perdió. Macri, un empresario que funciona bien como jefe de gobierno porteño (Buenos Aires es una ciudad aparte), no posee una imagen en el resto del país positiva. Macri tiene un voto fijo, es cierto, pero ni de cerca son los más de 50 puntos que obtuvo en el balotaje. A Macri lo votaron otras personas, y son los que realmente se cansaron del kirchernismo. Se cansaron de la prepotencia, soberbia, agresión y autoritarismo. Se cansaron de expresiones como “las elecciones en la provincia de Buenos Aires son sólo un trámite” de Aníbal Fernández, se cansaron de que llamen “caceroludos” a los manifestantes y de que les digan que se quejaban porque no podían comprar dólares para ir a Miami (cuando muchos funcionarios K vacacionan en Miami). La gente se cansó de que la tomen de boluda. Durante años el gobierno mintió en la cara al pueblo: “no hay desocupación, no hay pobreza, no hay inflación, no hay cepo, no hay narcotráfico, no hay inseguridad”.

Un gobierno que se jacta de ser dueño del poder termina cansando. ¡Cómo será el hartazgo que si hasta votaron a Macri!

Ya había sucedido un evento que adelantaba la caída del kirchnerismo. En el 2013, fue la propia soberbia de Cristina quien habló y dijo “si quieren ganar las elecciones, vayan, armen un partido y ganen”. Resultó que Sergio Massa armó un partido, se presentó y ganó las legislativas.

¿Fueron lo mismo Néstor y Cristina? No. Néstor era un tipo más estratégico, diplomático, pensante. Néstor Kirchner supo quedar bien con Estados Unidos, Israel, Irán y Venezuela. Todos al  mismo tiempo. Sabía cómo operar en el medio.

En cambio, Cristina desde el arranque fue violenta, terca, agresiva y al mismo tiempo torpe (así la definía Pepe Mujica en una cámara oculta). Planteó un país de negro o blanco, de amor u odio, de amigos o enemigos. Gobernó 8 años con absoluta soberbia, cagándose literalmente en el periodismo, en quienes votaban en contra y en aquellos que querían ser oídos.

Cristina Fernández de Kirchner es un cóctel explosivo que surge por la unión de su psicopatía, bipolaridad y perversión y cuyo trigger es el poder. Una persona con todos esos atributos y con poder es altamente peligrosa.

Los hechos los vemos en el traspaso presidencial. Días antes del cambio de mando, Cristina tomó medidas altamente polémicas y que tienden a complicar el trabajo del próximo presidente. Pero lo más curioso no es su perversión por sus decisiones tomadas: toda su humanidad puede observarse en la polémica que tiñe a todo el país: dónde debe realizarse el paso de mando. Históricamente, en Argentina el presidente jura en el Congreso y luego van a Casa Rosada en donde se entrega el bastón y la banda presidencial. Desde hace varios días el debate está en los medios ya que Cristina no quiere ir a Casa Rosada y sólo entregar el mando en el Congreso. Es una foto: 5 minutos en el que dura el traslado del Congreso a la Rosada y la figura de un presidente democrático entregándole el mando a otro electo.

Cristina hasta se negó a trabajar en un proceso de transición. En todos estos días sólo recibió a un grupo de actores y periodistas para despedirlos. Curiosamente nunca recibió a la prensa (salvo casos contados y pactados como Jorge Rial) pero sí a los “aplaudidores” de turno.

Cristina se dedicó a despedirse recibiendo a los aplaudidores de turno, pero se negó a trabajar en un proceso de transición.

Pero Cristina, fiel a su perversión, bipolaridad y síndrome de Hubris, quiere mantenerse en la escena y generar todo tipo de polémicas posibles.

La última, y la más ridícula de todas, publicó en su cuenta oficial de Facebook y Twitter y por la cuenta de Casa Rosada una carta en donde dice que la llamó Macri para comunicarle sobre la ceremonia, que ella le dijo que no podía porque perdía el avión al sur de Aerolíneas Argentinas y que Macri la trató con amenazas y gritos.

La carta forma parte de los anales de la estúpida historia argentina. Parece ser una carta redactada por una adolescente de 14 años a quien le dijeron que le suspendían el uso del smartphone. No cabe en la racionalidad de nadie.

Cristina se niega a pasarle el mando a Macri en Casa Rosada.

También debemos recordar que Argentina es mayormente un país imbécil. En ningún lugar del mundo se perderían dos minutos en debatir si la foto se saca en un edificio u otro. Sólo acá sucede. Y en eso tenemos que ser críticos también, porque no por nada adoramos a sujetos de este tipo. Queremos al caudillo, al que nos diga qué debemos pensar y hacer. Aún estamos muy verdes en todos los conceptos y somos fácilmente manipulados por el primer psicópata de turno.

Lo mismo sucedió en Venezuela, en donde el oficialismo perdió en las elecciones legislativas. Todo hace suponer que los ridículos diálogos entre el pajarito Chávez y Maduro tienen fecha de vencimiento.

¿Qué pasó en Latinoamérica? Pasó que hubo una intención buena. Surgieron líderes como Lula, Evo, Correa y Néstor que hablaban de cómo independizarse de las garras de Estados Unidos que tantos años nos han hecho daño, tal como lo definían tipos como Galeano y Chomsky. Pero se generó un desgaste que terminó agotando “los modelos”. Nadie dice que el neoliberalismo es la solución y que pegarse al culo de Estados Unidos te dará más bienestar. Está claro que se sufrió durante años ser controlados, pero también está claro que los populismos berretas de los caudillos son modelos también agotados. Los latinos deben evolucionar, saber que tienen derecho a ser libres realmente y que no tienen porqué depender de líderes de turno. Saber que el poder es un espacio que debe ocuparse por poco tiempo, que las instituciones deben funcionar, que es el pueblo quien designa a alguien y que debe trabajar con ética, capacidad, justicia y sensibilidad social.

Quizás en un futuro analizaremos que, en mil años de historia, este proceso era necesario y debíamos atravesarlo para evolucionar. Esperemos que así sea y que lo venga sea mejor.

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