La categorización de las víctimas

Es uno de los fenómenos más inquietantes de la sociedad que se repite constantemente en forma inconsciente, por lo que intentaré desmenuzarlo un poco.

Comencemos por el principio y por conceptos básicos y hasta obvios. Las víctimas suelen ser sujetos de noticias: un accidente aéreo, una chica violada, un grupo de hinchas muertos tras derrumbarse parte del estadio, un empresario asesinado, un abuelo al que estafaron, etc. Las noticias se dan a conocer por numerosos medios, desde la vecina de al lado hasta el diario, y ya poseen la propia interpretación de quien la da, un tema no menor en todo el circuito. Y no quiero dejar de lado el victimario, el culpable de lo que haya sucedido.

Ahora bien. Los cuatro integrantes (noticia, informante, víctima y victimario) suelen ser analizados por el público, pero a veces erróneamente nos focalizamos sobre puntos que objetivamente para ese caso no tiene tanto sentido focalizarse.

Cuando uno habla de la noticia, es importante saber si es verdad, si está exagerada o manipulada de alguna forma.

Los medios (o cualquier tipo de informante) ya de por sí no entregan la noticia objetiva sino más bien una noticia digerida, por lo que finalmente llegará al receptor una información cargada de opiniones propias, manipulada, tergiversada o todo lo que pueda llegar a aplicarle el informe. Un canal de noticias puede exagerar la nota simplemente porque no hay otras noticias para dar y porque puede con ella generar un impacto que capte la atención del espectador, lo que se traduce en más rating.

En este punto a veces incurrimos en un error porque nos preocupamos más por saber si la noticia la dio uno u otro canal y olvidamos que lo importante es la noticia en sí. Si, por ejemplo, se denuncia que tal político del gobierno cometió un hecho corrupto, vemos cuál canal lo dijo. Si es un canal afín al gobierno, es grave pero, si es un canal “opositor” al gobierno, bajamos los decibeles de preocupación, aún reconociendo que la denuncia es verdad.

Es decir, nos preocupa más que un canal opositor aproveche la noticia que la noticia de corrupción en sí. En este caso debimos preocuparnos más por la corrupción.

Otro hecho que sucede en tiempos de elecciones tienen que ver con los famosos “carpetazos”, esas denuncias contra los candidatos a días de las elecciones para que pierdan votos. Está claro que alguien decidió utilizar ese material oportunamente pero, ¿debemos omitir la denuncia por ello?

En cuanto al victimario nos puede pasar que siempre lo veamos de la peor manera, incluso en forma exagerada porque, para un tipo que se lo acusa de violador pero que después se comprueba que no lo fue ni remotamente, ya es tarde (en la sociedad hay conceptos como el de violador o golpeador que ya quedan instaurados desde el principio). Hay algunos casos específicos opuestos, como el mencionado anteriormente en donde el supuesto político corrupto -si es afín al público- será inocente hasta el final.

En definitiva, observamos con atención al informante, noticia (con sus excepciones) y victimario, pero es en la víctima en la que cometemos más errores.

Si una chica de 16 años es atropellada por un loco que hacía “picadas” en zonas prohibidas y alcoholizado, lo condenamos pero, si la chica venía del boliche a las 7 de la madrugada, “es una trolita que fue a un boliche siendo menor de edad, que se joda”.

Si a un tipo le roban el auto mientras come en un restaurant lo condenamos pero, si la víctima no había cerrado el auto con llave, “que se joda por boludo”.

Si una joven de 13 años es violada y tirada en la calle nos indignamos pero, si el hecho sucedió cuando la chica iba a un encuentro con un muchacho que conoció por Facebook, “es una tarada”.

Hasta recordamos un dato curioso que vimos hace poco: en Estados Unidos hay más hombres violados en las cárceles que mujeres violadas en las calles. ¿Acaso el tipo que está cumpliendo una condena por robo es menos víctima que la mujer que fue violada mientras iba a trabajar?

Ni hablar de las políticas, religiosas, étnicas, orientación sexual, etc. En esos casos vale mucho menos la vida de un niño palestino musulmán que un católico británico, o la vida de una travesti tailandesa a la de una actriz norteamericana.

En Argentina apareció muerto el fiscal Nisman. Muchos de quienes sostienen la teoría del homicidio al principio se horrorizaban, pero desde que comenzaron a aparecer “carpetazos” de todo tipo (que andaba con muchas minas, tenía cuentas en el exterior, trabajaba como doble agente con la CIA, etc.), hoy casi que da lo mismo y apenas tiene algunas líneas en los diarios muy de vez en cuando. ¿No es importante saber qué sucedió con el fiscal de una causa tan importante y que acababa de denunciar a la presidenta? Ni hablar del cuerpo calcinado que apareció un mes después a pocos metros de la casa de Nisman.

Así como en la guerra el médico marcaba a los soldados heridos como “prescindible” o “caso perdido”, nosotros lo hacemos con las víctimas. Es momento de preguntarnos por qué, si debemos y podemos cambiar.

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