El riverboquismo que intenta devorarse hasta el mismo Messi

Hace varios años decidí definir como “riverboquismo” a este antagonismo crónico de los argentinos. Nosotros somos así: peronistas o radicales, K u opositores (años después lo popularizaron como “la grieta”, pero el concepto es el mismo), gallinas o xeneizes, Coca o Pepsi. Nos cuesta encontrar un punto medio y hasta diría que nos sentimos cómodos perteneciendo a una de las puntas.

Hace algunos años escuché a Maradona decir algo así como “Yo soy o blanco o negro, gris no voy a ser en mi vida”. Quizás por eso “El Diego” sea ídolo dentro y fuera de la cancha ya que expresa la idiosincrasia del argentino. También hace un tiempo oí hablar a algunos políticos y periodistas oficialistas criticar a cierta gente por considerarla “tibia”, como si estuviese mal estar en el medio.

Es más fácil gobernar a un población con esas características (hasta existe la famosa frase romana “divide et impera”) ya que a la gente le será más fácil pertenecer a un grupo que le baje línea, anime y apoye en una opinión grupal a pertenecer en el medio con un individualismo desde el pensamiento.

Y en Argentina (no necesariamente exclusivo de aquí) este fenómeno maravilloso se vuelve a ver reflejado en la figura de Messi.

Los chicos consuelan a Messi.

Leonel Messi desde muy chiquito mostró su don de crack. A los 12 años el Barcelona español decidió llevárselo para convertirlo en una figura y acertó. Desde los 16 años viene rompiendo todo los récords existentes y ha ganado más copas y premios que cualquier jugador de fútbol en toda la historia de la humanidad.

Es un monstruo dentro de la cancha y su figura fuera de ella debe estar entre las 5 más populares del mundo, junto al Papa, Obama y un par más. Así como en su momento había tres símbolos reconocibles en todo el mundo (el logo de Superman, la cruz cristiana y las orejas de Disney), se puede mostrar la foto de Messi en cualquier parte que será reconocido.

Pero, a pesar de todo lo logrado y todo lo que aún falta, ¿alguien puede cuestionarlo? Sí, en Argentina se lo cuestiona. Es más, se lo cuestiona tanto que hasta algunos piden que no sea más convocado en la Selección Argentina. ¿Cómo se le puede ocurrir a alguien dejar afuera a la carta más pesada?

A Messi lo critican porque no gana como sí lo hace en Barcelona (como si la selección y el equipo de Enrique fuesen lo mismo), porque no “explota emocionalmente” como sí lo hacían Maradona, Ruggeri o Simeone (como si eso te hiciera mejor o peor jugador y fuese una cuestión obligada) y, básicamente, porque no hace ese gol contra Inglaterra en donde debe pasar a 8 jugadores.

En Messi depositan todas sus frustraciones: la de varios años sin copas mundiales, la de seguir bajo el ala de los alemanes y las de la propia vida en general.

Messi despierta mucho afecto entre los chicos. Aquí lo abraza un niño y se toma una selfie.

El argentino es caudillista, pues “no puede ser que este Jesús resucitado salve a todo el mundo menos a mí”.

Se lo critica por ser un tipo tranquilo, que no dice gansadas en los micrófonos, que no dice sino que hace, que a pesar de la mierda que le tiran cada vez que lo llaman entra, que no se queja, que lo bajan y se levanta.

Lo critican simplemente porque es un buen tipo y callado que sólo quiere jugar.

Y del otro lado están los tipos que sí reconocen su habilidad y su talento. Que saben que no es Maradona, pero que tampoco es necesario serlo para ser un gran jugador. Están los que saben que sólo no se puede ganar todo, que hace falta un equipo y jugadores que también tengan calidad.

El otro día se jugó la final Chile-Argentina por la Copa América en donde Chile se coronó campeón por penales en su primera vez. A Messi le pegaron cada vez que tocó la pelota, y hasta le tiraron una terrible patada en el estómago. El arbitraje fue lamentable. Sin embargo, el tipo siguió levantándose, pateó el primer penal, lloró la derrota y jamás se quejó de nadie en la conferencia de prensa.


Tras la terrible patada de Medel a Messi (en la cual sólo fue amonestado), Lio se levantó y siguió jugando. Recibió patadas todo el partido.

En la Argentina no le perdonan que sea un “tibio”, una raza evidentemente foránea. El es lo que es y no es ese caudillo salvador que algunos pretenden que sea.

La pregunta es ¿cuántos argentinos han sido olvidados por no haber sido riverboquistas?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s