¿Corresponde organizar una copa del mundo?

brasil2014Desde hace varios meses se intensificaron las protestas en Brasil por la Copa del Mundo FIFA 2014 y es el día de hoy que las fuerzas de seguridad deben trabajar a pleno para que no sucedan inconvenientes con la organización. ¿Fue un acierto o no el Brasil 2014?

La Copa del Mundo de fútbol es un evento único a escala global que agrupa una gran cantidad de factores relacionados con la economía, política, sociedad e infraestructura, por lo que resulta tan compleja su organización que debe hacerse cada 4 años y su anuncio puede realizarse con 8 años de anterioridad, cifra que podría llegar a asustar a cualquiera ya que en ese tiempo un país puede cambiar varias veces de presidente, tener una o más crisis económicas, perder la democracia, etc. Estudiar al mundial implica reconocer una parte muy importante del sistema que impera en la humanidad actual. Pero para comprender la situación debemos ir por partes.

Ante todo la copa es un negocio (en la comprensión total de la palabra) porque, si bien la excusa es deportiva, está claro que los objetivos pasan por otros caminos.

Uno de ellos es el económico: FIFA, sus empresas asociadas (gaseosas, maquinitas de afeitar, dispositivos tecnológicos, etc.) y los gobiernos mueven fortunas. A modo de referencia, fueron 12 mil millones de dólares los destinados a la organización del evento. Uno esperaría que se tratara de inversiones privadas pero no es así, ya que el gobierno brasilero destinó unos 10 mil millones de dólares contra sólo 2 mil millones de capitales privados (según TCU). FIFA y las empresas ganarán millones con la inversión, pero la gran pregunta es qué gana el país que invierte en el evento.

El Transcarioca, inaugurado y aún no finalizado. Una de las promesas directas al pueblo.

Tomar mediciones económicas es complejo ya que uno debería calcular desde el puesto de trabajo que le generó a un obrero que pone ladrillos en un estadio hasta el uso posterior que se le va a dar al mismo. En el medio nos encontramos con el que vende camisetas, el que pone radares en los aeropuertos remodelados, el que alquila todas las habitaciones de su casa a turistas y el grupo de arquitectos e ingenieros que idearon la enorme estructura del techo de uno de los estadios. Es decir, se activa gran parte del país y de lo que podemos estar seguros es que el dinero se mueve.

A pesar de que el gobierno brasilero salió a decir que espera recaudar más de 60.000 millones de dólares con la copa –lo cual sirvió para tranquilizar un poco las aguas tras la noticia difundida acerca de los montos de la inversión-, la misma es un trofeo político que permite emitir un mensaje al resto del mundo: “nosotros existimos y podemos organizar este evento internacional con altura”. Históricamente todo político ha querido mostrarse al mundo como auténtico líder de su patria y adorado por su pueblo, por lo que eventos como mundiales y juegos olímpicos representan una vidriera ideal para tal fin. Hitler lo hizo con los JJOO de Berlín en 1936, intentando demostrar la “supremacía aria” liderando el medallero. Los JJOO de Moscú de 1980 fueron boicoteados por Estados Unidos y sus aliados (en total fueron 65 países), pero la idea era similar a la de Hitler. La dictadura militar argentina intentó decirle al mundo que todo estaba bien en 1978 organizando la Copa del Mundo de FIFA. Sudáfrica viene planificando varios eventos desde los 90s para demostrar que ya no son un país africano en crisis y en donde ya no existe el apartheid, como el mundial de rugby de 1995 y el de fútbol de 2010. Ahora se vienen las copas de Rusia (2018) y Catar (2022), claramente políticas.

El Maracana y a pocos metros la pobreza de las favelas.

Tal es la importancia de estos eventos que continuamente se oyen escándalos de corrupción. En la actualidad existe el caso de Catar, que sumergió a toda FIFA y a funcionarios del país en serias denuncias e investigaciones ya que se calcula que se destinaron unos 8 millones de dólares a varios bolsillos para que la balanza se incline por el país árabe.

Para Dilma Rousseff la oportunidad de demostrar que Brasil es un país poderoso en el mundo es única y encima viene por partida triple ya que, además de la copa fútbol, Río organizará los JJOO de 2016 y la Copa América de 2019. El crecimiento económico de los BRICS no pudo venir mejor acompañado que con semejantes eventos (recordemos los JJOO de Pekín en 2008 y los JJOO de invierno de Sochi 2014).

Ahora, sabiendo efectivamente que activa la economía y genera un gran afiche propagandístico para que lo vea el mundo, nos planteamos: ¿qué es lo que reclama gran parte del pueblo? Y ahí viene nuestro análisis más profundo puesto que mencionamos palabras claves como “economía”, “propaganda” y “política” pero no las otras, las negativas.

La policía militar desplegada para “tapar” todo lo que se pueda.

El movimiento económico viene acompañado de corrupción. Los presupuestos se abultan, se realizan proyectos innecesarios, se entregan obras en forma directa y se dejan promesas incumplidas. Un ejemplo maravilloso es el imponente estadio de Brasilia llamado Mané Garrincha, el segundo más costoso del mundo. El Garrincha, al igual que los demás estadios, terminó costando mucho más de lo presupuestado. De los 300 millones de dólares originales pasamos a 900 millones, 3 veces más de lo que Brasil informó a FIFA en 2007 que costaría. Todos los estadios costaron 4 veces más que lo publicado originalmente y, si no fuera por un grupo de fiscales que investigaron delitos de corrupción durante la organización, Brasil hubiese gastado mucho más de los 10.000 millones que dijo haber gastado. Y la cuestión no termina ahí, ya que en la actualidad se plantean si valió la pena construir un estadio para 78.000 espectadores en una ciudad que casi no tiene fútbol. Algunos especialistas estimaron que se tardarán decenas de años en recuperar el dinero invertido en lo que pasaría a ser un “elefante blanco”. Tampoco es casualidad que en las elecciones de 2012 los 4 principales contribuyentes a las campañas políticas eran empresas constructoras.

Las protestas en pleno mundial.

Si hay algo a los que los políticos nos tienen acostumbrados es a las promesas incumplidas. Para realizar semejante organización prometieron numerosas obras que quedarían directamente destinadas a los ciudadanos tales como la remodelación de los aeropuertos y la creación de líneas de metros y buses. Sin embargo, muchas de ellas quedaron a mitad de camino, como las remodelaciones en el aeropuerto de Río –de los más criticados por los turistas- y la línea de autobuses Transcarioca, que fue inaugurada por la presidenta aún teniendo obras inconclusas.

Afiche original de los JJOO de Berlin 1036, en pleno dominio de Hitler.

Además de la corrupción, los negocios turbios y las promesas incumplidas, la gente tiene derecho a preguntarse si era necesario invertir tanto dinero en obras que probablemente nunca alcancen a justificarse (¿es necesario construir semejante estadio en el medio de Brasilia cuando Brasil cuenta con otros tantos estadios?). Imaginemos a una mujer recibiendo la noticia de la doctora de un hospital público que le dice que no puede darle un determinado medicamento a su bebé porque ya no tienen más, o un abuelo agonizando por el calor que hace y la electricidad cortada. Imaginemos a miles de personas con sus serios problemas que al levantar las cabezas observan a lo lejos un brilloso monumento que será utilizado no más de 4 o 5 veces para un evento único. La imagen es impactante, y es lo que lleva a la gente a manifestarse en las calles. ¿Y si en vez de invertir 400 millones de dólares en un estadio se invertían 100 y el resto se destinaba a levantar un hospital y varias escuelas nuevas, o se mejoraba la red de agua potable o se financiaban casas sociales? La gente legítimamente tiene derecho a preguntárselo. Ejemplos concretos: El estadio Arena do Gremio de Porto Alegre se terminó en 2012 y es de los más modernos de Latinoamérica y se construyó sólo para demostrarle al Internacional (el club rival en la ciudad) que podían lograrlo antes que su estadio, que finalmente es el que se utiliza en el mundial, el Beira Rio. Otro caso es el Joao Havelange, un majestuoso estadio olímpico construido en 2007 y que sólo volverá a utilizarse en los JJOO de 2016 (con una nueva inversión para aumentarle su capacidad). Para terminar, el estadio Mangueirão de la ciudad de Belém (45.000 espectadores, olímpico y remodelado en 2002) y el Allianz Parque del Palmeiras (construido en 2010, 45.000 espectadores).

El Arena do Gremio, de los más modernos de América pero sin ser sede.

La otra palabra reiterada es “propaganda”. No importa lo que sucede en Brasil, sino la imagen que ven desde el exterior que les haga creer otra cosa. Pero para lograr ese objetivo no alcanza con dibujar grandes afiches pintorescos; también se necesita ocultar lo existente o, como se suele decir, meter la tierra debajo de la alfombra. El gobierno tomó cuenta del tema y pasó bastante tiempo negociando con los líderes de las bandas en las favelas para que no produzcan inconvenientes (lo curioso es que después los tuvieron pero con trabajadores), así como quitando a los pobres de las calles y adornando a la perfección el “arbolito de navidad”. En Río literalmente derrumbaron las casas de unas 700 familias y las expulsaron con tal de que el Maracaná fuese más accesible. En San Pablo levantaron el estadio directamente en el medio de la favela y lo rodearon de control policial, por lo que la gente debe realizar numerosas maniobras para llegar a sus propias casas. Las técnicas de encubrimiento de la realidad fueron utilizadas en los eventos anteriormente mencionados y en tantos otros, pues no vaya a ser que la humanidad se horrorice.

Veamos el lado positivo de todo esto: el fútbol es un deporte maravilloso. Compartir con familia y amigos es maravilloso y tener la oportunidad de conocer otros lugares, aunque sea por TV, también es maravilloso. No podemos condenar a la persona que disfruta del buen fútbol y al jugador que entra a la cancha. El problema no pasa por ahí.

También es cierto que, más allá de lo excesivamente invertido, algunas obras necesarias para la población quedarán tras el mundial, como así estadios más seguros y que realmente serán utilizados.

Y la actividad que genera en el país es muy importante. Como decía antes, tengamos en cuenta la cantidad de trabajos, tanto precarios como capacitados, que se generaron.

La provisoria favela al lado del nuevo estadio de San Pablo.

Conclusiones

Como suelo pensar muchas veces, las conclusiones prefiero dejarlas “abiertas” ya que uno siempre está aprendiendo y corrigiéndose y probablemente este tipo de eventos nos deje más cuestionamientos que certezas.

Ya vimos algunos pros y contras que posee una Copa del Mundo FIFA, pero ahora tratemos de verlo desde una perspectiva más elevada.

Cuando uno mira todo el “circo” se remonta, justamente, al imperio romano en donde acostumbraban a mantener a la gente entretenida en las arenas (qué casualidad, ahora FIFA obliga a cambiar los nombres de los estadios y ponerles esa palabra). Y cuando este tipo de situaciones suceden es por dos motivos: tapar la realidad y/o ejecutar ciertas órdenes “indeseadas” por la población pero que está tan distraída con las luces de los techos de los estadios que no le dan importancia.

El estadio de Brasilia, el más polémico de todos.

Resulta impactante ante los ojos de cualquiera ver tanto lujo desbordado en un lugar de tantas necesidades, lo que lleva a plantearnos si un evento de tal magnitud debe seguir realizándose en países tercermundistas o debe quedar en lugares en donde puedan costearse sin problemas. También es lógico plantearse si es justo para la gente de países tercermundistas que no puedan tener la posibilidad de vivir este tipo de eventos.

Quizás existan puntos intermedios en donde realmente un país pueda organizar una copa del mundo siempre y cuando no se gastara tanto y si no existiera tanta corrupción desmedida. Existe la posibilidad, conforme a lo que veníamos evaluando, que más allá de poder alegrar a la gente con un poco de espectáculo también se pueda aprovechar la situación para darle lo que realmente necesita a través de un proyecto serio en donde se termine beneficiando la población con mejoras en los servicios, educación, seguridad, etc.

Resulta difícil pensar que los políticos puedan llegar a realizar las cosas bien, pero a eso deberíamos enfocarnos nosotros y eso deberíamos demandar continuamente. Para la elite global es una posibilidad más de economía, dominio y poder y para evitarlo será necesario una ciudadanía más alerta. En Brasil se vieron numerosos reclamos, seguramente algunos de ellos netamente para aprovechamiento político, pero en su mayoría hablan de un despertar de la población, y eso es positivo siempre y cuando no se transforme en una masa controlada por otros titiriteros.

El imponente Joao Havelange. A pesar de ser olímpico y moderno, no es sede mundialista.

La imagen de un chico muriéndose de hambre en las calles y de fondo un estadio de 500 millones de dólares seguramente impactan a cualquiera y nos plantea si no deberíamos detenernos y solucionar el problema al chico antes que realizar una copa del mundo. Esa imagen seguramente la veremos repetidamente en otras situaciones y en todo el mundo: ¿Se justifica gastar 200 millones de dólares en una película hollywoodense cuando podríamos invertirlo en dar agua potable a un pueblo africano y terminar con miles de enfermedades y muertes? ¿Se justifica comprar una entrada de 300 dólares para ver a Madonna cuando podríamos cruzar la calle y dárselo a una familia para que coma todo un mes?

Como verán, la copa del mundo es más que eso. Es más que una representación de una problemática específica de un país. Es una representación de un conflicto de conciencia de cada uno de los seres humanos. Y yo no tengo respuesta a eso, cada uno deberá cerrar sus ojos y meditarlo.

 

Graffitis que se encuentran en varias ciudades sedes.

NOTAS/REFERENCIAS:

Una respuesta a “¿Corresponde organizar una copa del mundo?

  1. Excelente articulo Lucas, como simple reflexion digo que un deporte deja de ser maravilloso cuando lo que lo rodea es corrupcion, violencia, discrimacion y estupides.

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