Chavez, Hubris y la perpetuidad

Probablemente Chavez sea el hombre más controvertido de Sudamérica de los últimos 15 años y genera tantos amores como odios y no sólo en forma local sino en el mundo en general.

Resulta altamente complejo realizar un profundo análisis que determine si la presidencia de Hugo Chavez en Venezuela resulta a favor o en contra del pueblo. Seguramente en este mismo blog podremos leer diversas opiniones conforme a cada información recibida. En lo personal puedo opinar independientemente en cada situación sin problema alguno. Por ejemplo, Chavez es uno de los pocos “granos” molestos de Estados Unidos y países alineados. Lo que dice y hace no suele caer bien allá en el norte y claramente se pudo observar cuando intentaron hacerle un golpe de estado en 2002. En una estructura global que prácticamente controla a todo el mundo, cuando surge un país no dispuesto a ser sumiso se transforma en enemigo. También es extraño pensar en este contexto que Estados Unidos sigue siendo uno de los principales compradores de petróleo de Venezuela (si el país gobernado por Chavez produce entre 2.5 y 3 millones de barriles por día, un millón van al norte). “Te odio, pero seguimos negociando”, es el mensaje.

En contra está esta basura demagógica tristemente copiada por el gobierno argentino: los símbolos, los militantes que actúan más como soldados que otra cosa, el control de medios, la división de la población, el hacerle convencer a la población que “es él o el caos total”.

Como decía, a la pregunta de si a Venezuela le vino bien o mal Chavez, no me aventuraría a darle una respuesta. También podríamos preguntarnos específicamente sobre Latinoamérica y sobre el mundo en general, pero no es el momento.

En donde quiero detenerme un segundo a analizar, incluso más allá de las respuestas posibles a las preguntas del párrafo anterior, es en el tema relacionado a la perpetuidad en el poder. ¿Hasta qué punto está bueno tener a un gobernante que esté 15, 20 o 30 años en el poder?

Me resulta complejo ver algún camino en donde exista la posibilidad de que la perpetuidad contribuya a potenciar la democracia y no a debilitarla. El poder vicia, transforma, enloquece. Ya de por sí las pocas personas que llegan a los cargos más altos del poder suelen ser psicópatas (buen momento para ver más sobre ponerología). También está el “Síndrome Hubris”, esa tendencia que tiene la persona a creer que si no está ella no habrá nadie para hacerlo mejor y que es la gran salvadora (¿Fidel Castro?).

Alguno me podrá decir “pero en Estados Unidos cambian constantemente de presidente y sin embargo las políticas siguen siendo las mismas”, y también es la verdad, aunque no porque no funcione en otro lado no va a funcionar en el propio. ¿Y en qué caso tendré más chances de cambiar en algún momento, en el que tengo un presidente desde hace 40 años o en el que tengo un presidente distinto cada 4? Todo esto, por supuesto, siempre considerando también a los “titiriteros” de más arriba.

¿Realmente se puede evolucionar en la perpetuidad? ¿No se construiría más sin esa dependencia? Invito a que todos lo pensemos, sin la necesidad de tomar una conclusión apresurada.

Dejo una serie de artículos al respecto que pueden resultar interesantes.

NOTAS/REFERENCIAS:

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