¿Por qué está bueno dividir a la gente?

Seguramente todos conocerán la famosa frase de los romanos “divide y vencerás”, pero está bueno preguntarse porqué es así.

Entonces comencé imaginando a un grupo de personas que se encuentran “en el medio”, no son tan irresponsables como para que no les importe nada de nada pero tampoco se apegan a una determinada ideología política, partido político o líder político a secas. Prefieren mantener las puertas abiertas a todas las posibilidades, sabiendo que son otras las cuestiones que te llevan a estar o no de acuerdo con ciertos conceptos pero que generalmente no son lo tan fuertes como para “tachar” personas o ideas. En un mundo dinámico, a excepción de la conciencia (que en todo caso evolucionará o no), todo cambia o puede cambiar.

También hay un grupo “neutral” a los que no les interesa nada de nada y prefieren no meterse a debatir política.

Y después está el bien definido, aquel que conoce a la perfección lo que quiere. Esa persona suele tender al peligroso camino del fundamentalismo, pero eso lo veremos más adelante.

Volviendo a la pregunta sobre qué me beneficia a mí dividir a la gente si sé que voy a tener a un porcentaje de ella en la vereda opuesta, la respuesta es simple: tengo al resto del grupo en mi vereda, y hará lo imposible para seguir en ella.

Cuando una persona está bien definida en su posición, se va apartando cada vez más de la posibilidad de cambiar de opinión. Podríamos decir que se “cierra” cada vez más, a tal punto de llegar a la irracionalidad del fundamentalismo, como decía anteriormente.

Y lo maravilloso de este “sistema” de división es el hecho de tener a alguien en la vereda del frente que me obliga a mí a afianzarme aún más a mi vereda, a tal punto de tener que llegar a buscar en los “potes ya vacíos” y que finalmente pueden culminar con inventos de “elefantes rosas” con tal de calmar mi disonancia cognitiva. “Es así porque sí” y punto, no se discute más.

Incluso en este sistema se genera un círculo vicioso con el odio como protagonista: “me hacés enojar porque tengo que buscar más elementos en los que afirmarme” y así sucesivamente. Todo un sendero de odio recíproco.

Otro punto no menor es pensar en la respuesta de la siguientes preguntas: ¿Qué prefiere la gente, mantenerse independiente (individual) o pasar a formar parte de un grupo? ¿Qué es más cómodo? ¿Qué es más fácil?

Por supuesto estando en tu vereda ni se te ocurre criticar actitudes del patrón de la misma ni de intentar discernir con los vecinos. Enfocás toda tu mirada y concentración en el maldito sujeto de enfrente.

Por eso se dividen las aguas: permiten facilitar el control de la gente, no te desafían ni cuestionan, generan nuevas herramientas con las que defender la vereda y algunos hasta darían la vida por vos. Nadie puede negar que es efectivo.

Esta estrategia de guerra para cualquier persona que quiera reinar, es perfecto. Funcionó a lo largo de la historia (no sólo en política, también se puede utilizar la religión, por ejemplo) y funciona ahora.

Dejo una última pregunta: ¿Siempre es “el emperador” quien genera la división y ahí termina todo, o puede haber alguien “más arriba” que controla tanto al grupo del emperador como al grupo opuesto para así poseer el control total?

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