El pueblo por un lado y el gobierno por otro

Probablemente ya lo haya dicho en varios artículos anteriores, pero es interesante observar la lucha de los pueblos del interior ante las grandes corporaciones mineras y sojeras que lentamente se adueñan de Argentina con la complicidad del Ejecutivo.

Sería mejor que más gente se sumara a la lucha que estos ciudadanos están llevando a cabo, pero lamentablemente los humanos en general tenemos como costumbre comenzar a protestar recién cuando el agua comienza a rebalsar.

De todas maneras, acá podemos observar un claro ejemplo de qué posiciones toma cada uno: mientras culminan los testimonios en el juicio de Ituzaingó (un hecho que podría ser histórico a nivel mundial en la lucha contra las sojeras, a estar atentos) y la Justicia frenó a la minera canadiense Osisko en Famatina hasta tanto no cumpla con la Ley de Glaciares, la presidenta de la Nación celebraba el record alcanzado por la soja . Hacía pocos días venía de reunirse con miembros de Monsanto y anunciaba alegremente la inversión de la corporación en nuevas instalaciones de producción de semillas y plantas experimentales.

“Resulta ingenuo asumir que una planta procesadora de semillas es solamente una industria. También es un acelerador indirecto de los procesos de monocultivo, contaminación y desmonte, y sobre todo, un factor de consolidación del modelo básicamente depredador instalado en nuestro país”, dijo el biólogo Raúl Montenegro, de la Fundación para la Defensa del Ambiente.

“En Córdoba se instalará una fábrica y una planta experimental, mientras que en Tucumán se instalará otra, misteriosa, planta experimental”, agrega el diario ComAmbiental.

Vivimos tiempos muy difíciles, quizás de los más graves que haya tenido Argentina hasta el momento, pero parece no importarle a muchas personas confiadas en que la dependencia económica en un alimento transgénico que utiliza un agrotóxico tan fuerte como el glifosato, al mismo tiempo que acaba con el resto de la industria agropecuaria y economías regionales, contamina el suelo dejándolo inutilizado para otros recursos y enfermando a a la población, es algo positivo.

Total, cuando ya no quede ni un terreno apto para la ganadería, tus hijos tengan enfermedades terminales, los paisajes montañosos ya no existan, el aire esté tan contaminado que no puedas respirar y el agua dulce se haya acabado, será demasiado tarde.

NOTAS/REFERENCIAS:

Una respuesta a “El pueblo por un lado y el gobierno por otro

  1. El uso masivo de plaguicidas “chatarra” en el primer mundo fue denunciado por el fundador de la technopathogenology en su trabajo “Plaguicidas y error tecnogenico” en el Primer Congreso Internacional de Ecotoxicologia” en 1977 en Buenos Aires.Tambien informo de los riesgos al CONICET y Universidad Nacional

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