Las plumas del riverboquismo argentino

El país está más dividido que antes. El “riverboquismo” (expresión acuñada en este blog desde hace un largo tiempo) se manifiesta en cada una de las actividades cotidianas y se fortalece cuando hay que hablar de política. El gobierno se dedicó a dividir al pueblo: por un lado están los oficialistas, que se han hecho tan militantes que pareciera que todos están a la orden de La Cámpora, y por el otro lado está la oposición, que pareciera controlada por “la corpo”, el gran enemigo mediático liderado por Clarín y con aliados como Perfil y La Nación.

Si no sos argentino te tengo que explicar algo: en este país no hay grises. O pertenecés a los “K” o sos de la “corpo”. Ni se te ocurra decir que el gobierno hizo tal cosa bien y tal cosa mal, porque ligás piedrazos de ambos lados.

Todo comenzó cuando, tras una larga y fructífera alianza estratégica entre directivos del Grupo Clarín y el oficialismo (que a uno le sirvió para llegar al poder y al otro para fusionar a Cablevisión con Multicanal y llegar a controlar una gran parte del mercado de la televisión por cable en el país, por ejemplo) algo sucedió y se rompió.

Desde ese entonces “la corpo” se transformó en el enemigo número uno del país pero, para lograr que esto se notara, se montó todo un aparato propagandístico desde el gobierno para contrarrestar la opinión que el diario le genera a sus lectores. Es decir, a los medios se los ataca con más medios. Desde entonces, cada noticia pasaba a tener su distinto punto de vista, de acuerdo al diario. Por ejemplo, la polémica Ley de Medios era la muerte para Clarín, pero significaba la democratización del rubro para el oficialismo. Y así con todo: el pase de los subtes de la nación a la ciudad de Buenos Aires, conflicto con el campo, nacionalización de Aerolíneas Argentinas, etc.

Está claro que cada uno tira agua para su molino, y cada uno hace lo imposible para alterar la opinión pública que, tristemente, se crispa día a día. Y esto es porque, obviamente, es imposible para un argentino estar “con Dios y con el diablo”.

El problema de esto radica en que no sólo los fundamentalistas pero con cierta opinión propia se agrupan en un córner del ring, sino que se agregan otros que ya no tienen ni idea del porqué están ahí. Los lavados de cerebro funcionan tan a la perfección que los fundamentalistas “sin causa” son capaces de matar (verbalmente, claro), pero sin saber bien porqué. Los K entran a blogs, foros y comentarios de artículos en la web para decir “gordo vendido” ante una nota de Jorge Lanata, como si fuese un fundamento válido ante una denuncia, crítica u opinión. Y del otro lado lo mismo.

Es un sistema perfecto, “divide y reinarás”. Mientras tengas un enemigo, existirás, y con tus aliados al lado. No hay espacio para el consenso y la diplomacia, pues, no son necesarios.

Los medios son los grandes fuertes de la realidad mundial actual. La manipulación de las masas, que tantas veces hemos visto en este blog desde el sobrino de Froyd, Edward Bernays, llega a partir de inyectar opinión en la gente. Y para eso se necesita gente con mucha habilidad para producir y con capacidad de convencimiento. Un caso de éxito maravilloso son los militantes programas de televisión 678 de Canal 7 y Duro de Domar de Canal 9 que, si bien tienen muy poco rating, forman parte de este gran bombardeo de información manipulada o, si se quiere, de desinformación. El otro caso puede ser cuando se toma un determinado tema y se explota en todos los recursos del medio monopólico, como cuando se denunció a Schoklender, que salió en TN, Clarín, Radio Mitre, etc.

Pero faltaba un golpe de credibilidad para ambas partes. La mayoría de los K se muestran como militantes un tanto extremistas a los que se los asocia a todos con palabras como “montoneros”, y convengamos que no son del agrado de todo el pueblo. Y por el otro lado están los grandes medios que se conocen por apoyar dictaduras, ayudar a derrocar gobiernos y se muestran como grandes poderosos, lo cual, tampoco cae muy bien entre el pueblo. Necesitaban más credibilidad. Faltaban periodistas de resonante nombre por el cual la gente pensara “ah, este tipo está con ellos por algo”.

El primero que se dio cuenta de esto fue el oficialismo, que tentó y terminó convenciendo a uno de sus grandes críticos hasta ese entonces (también lo hemos visto en este blog): Víctor Hugo Morales. El verborrágico periodista era hasta entonces uno de los profesionales con mayor renombre y resaltada ética en el medio. El gobierno habrá pensado “qué mejor que contar con Víctor Hugo de nuestro lado, un tipo serio y de imagen intachable”, y pasó de ser sacado de Canal 7 y fuerte crítico del gobierno porque decía que había una “bajada de línea”, a tener su propio programada de TV en un canal “amigo” del gobierno como es el 9 y con su programa justamente llamado “Bajada de línea”. Pasó de ser crítico a defensor del gobierno en un abrir y cerrar de ojos. Y la mayoría de los videos y editoriales pre y post “epifanía” están en la web, así que es fácil ver lo que sucedió.

Esto Clarín lo notó, y no le gustó nada. Sus periodistas un tanto fríos como Joaquín Morales Solá y Marcelo Bonelli no “seducen” a todos los espectadores, y en especial a los jóvenes. “La corpo” necesitaba a un tipo creíble, pero que además pudiese ser fuerte y claro, impactante y hasta gracioso. Necesitaba una imagen de denuncia y rebeldía que no podía lograr con sus serios periodistas. Un tipo capaz de ensuciarse las botas. Y ahí es donde entra Jorge Lanata, un periodista intachable, profesional del medio de aquellos, idóneo para lograr éxitos en radio, televisión, gráfica y hasta teatro. El número uno de las denuncias contra el neoliberalismo en los 90s y declarado enemigo del Grupo Clarín ya desde tiempos de la dictadura, Papel Prensa y demás, fue el indicado. Y Clarín lo puso en un excelente programa de televisión los domingos por la noche y todos los días en su Radio Mitre para contrarrestar lo producido por Víctor Hugo.

Morales, Lanata y Castro, en tiempos en que Morales también era crítico del gobierno.

Y ahí están ellos. Dos de los periodistas de más alto nivel de la pluma y la palabra (me cuesta mencionar un tercero y cuarto), alineándose para cada uno de los sectores.

Morales les hace creer a los fanáticos K que son cultos y evolucionados, mientras que Lanata les hace creer a los seguidores de “la corpo” que son revolucionarios y que están para terminar con un gobierno dictatorial. Uno le pone anteojos a los seguidores, el otro les pide hacer fuck you.

Ambos son la punta de la pirámide mediática de cada uno de los sectores.

Si me preguntan mi opinión, y muchos ya la sacarán leyendo este blog, verán que estoy prácticamente siempre de acuerdo con Jorge Lanata, aunque no siempre, y noto más fuerte la bajada de línea en el caso de Víctor Hugo Morales, aunque hasta en algunos casos estoy de acuerdo con él también. Me permito hoy dudar de la honestidad de Víctor, pero me cuesta creer que Jorge no sepa que le es funcional al Grupo y que le viene como anillo al dedo. Pero, más allá de lo que opine yo, que para esta observación no tiene nada que ver, lo importante es que hay una gran diferencia entre ambos: uno es pagado por una empresa privada, mientras que el otro se mantiene gracias al dinero de la gente, y no creo que ésta haya votado para mantener medios como CN23, Tiempo Argentino, Página 12, Diario Registrado, Veintitrés, Newsweek, etc.

Después, cada ciudadano sacará sus propias conclusiones y verá si desea o debe creerle más a un periodista que al otro, a ninguno o un poco a ambos. En todo caso lo importante será evitar ser absorbido por uno de los lados, porque nos bloqueará y nos impedirá ver con claridad objetiva.

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