“Uno” no significa “todos”

A menudo observamos una noticia en los medios que tiende a crispar la opinión pública y ubicarla en contra de algo o alguien. Desde una simple noticia policial hasta el proceder de algún gobierno ante un determinado hecho, por lo general existe una adrede tendencia que intenta cumplir con ese propósito.

Esta actividad es muy frecuente entre la comunicación del medio y consumidor, a tal punto que diríamos que la libertad y total independencia de prensa no existen, pues el medio en el que se trabaja hace una bajada de línea surgida en intercambios de negocios entre políticos, empresarios y toda clase de elitistas. El medio es una herramienta más de poder y mucho más importante que una simple acumulación de dinero.

Pero, sabiendo esto, mi punto va hacia el receptor de la información y a su proceder. Quiero resaltar que usualmente tendemos a cometer un error, y es el de “generalizar”.

En esta cortina de humo del gobierno con el tema Malvinas se puede ver claramente. Si le prestamos atención a cada noticia, generalizamos. “A los chilenos los odiamos porque en su momento ayudaron a los ingleses” o “los ingleses son todos piratas”. El “riverboquismo” una vez más sale de nuestra sangre para demostrar que “todos los que no están con nosotros, están en contra de nosotros”.

De más está aclarar a esta altura de qué se trató el conflicto de 1982 y cómo actuaron los gobiernos en cada caso (y si el lector no tiene idea de lo que hablo, recomiendo “La Doctrina del Shock” de la periodista Naomi Klein), pero observemos sus consecuencias. El hecho determinó, por ejemplo, que todos los ingleses y chilenos son hijos de puta. Es así de simple para nuestra mente que busca resumir todo el conflicto en pocas palabras.

Y así podemos citar miles de casos, “todos los gallegos son soretes porque nos discriminan allá”, “todos los norteamericanos son detestables porque para ellos no existimos”, “a los brasileros los odio porque toman ventajas en el Mercosur”, etc. Incluso podemos llegar a un punto en que “odiamos a aquel porque aquel nos odia” sin siquiera recordar el motivo: “yo odio a los radicales porque mi papá era peronista”.

El accionar de una persona o de un grupo de personas no determina el accionar de todas las personas. No podemos condenar a todos los bolivianos porque un boliviano vino a robar, como tampoco podemos condenar a todos los argentinos que fueron a Alemania porque uno fue a hacer una estafa. No podemos decir que todos los chilenos son unos bastardos por el simple hecho de que un dictador cumplía simples órdenes del norte. No podemos culpar a toda España sólo porque una empresa compró una firma local en negociados turbios y despidió mucha gente.

Justamente somos individuos, y el que una persona de mi misma nacionalidad, religión o partido político haya hecho algo no implica que yo inexorablemente vaya a apoyarlo y/o a hacer lo mismo. Es importante remarcar esto porque, aunque parezca mentira, no muchos logran advertirlo.

Generar odio es una forma maravillosa de manipular gente. Un musulmán tira una bomba y todos los musulmanes son terroristas. Un cura es pedófilo y todos los curas son pedófilos. No es así. Hay 7.000.000.000 de historias independientes, seres individuales de los cuales muchos aún no se encuentran totalmente controlados por el sistema. Sería un grave error condenar a muchos inocentes por lo que haya hecho uno.

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