¿Quién quiere un minisúper?

Me gusta este fragmento de la serie de Los Simpson porque sirve para visualizar lo que muchos solemos hacer con un problema, que es “maquillarlo” pero no comprenderlo. En este capítulo Apu pierde su trabajo en el mini súper y, para intentar seguir adelante, hasta hace una canción con la frase “quién quiere a un mini súper”. Todos la pasan bomba cantando, hasta que Apu se vuelve a encontrar con la realidad estando solo en el techo de la casa y ante la luz de la Luna. “¿Quién quiere a un mini súper? Yo sí”, se responde. Incluso Marge erróneamente dice “Creo que todos aprendidos que la felicidad hay que buscarla”.

Este video es una forma de expresar que, por más buena onda que le pongamos a un problema para tratar de esquivarlo y así seguir nuestro camino, éste no se irá mientras no logremos llegar a la raíz del mismo, a su verdadero origen.

Es una costumbre muy frecuente “maquillar” al problema utilizando técnicas clásicas como arengarnos o engañarnos con el autoconvencimiento, o frases hechas como “todo pasa”, “el tiempo curará las heridas” o “es el plan divino”, pero no son más que técnicas similares a “tapar el sol con el dedo”. Lo cierto es que todo tiene su proceso pero, como el del comprender y desmenuzar un problema es muy doloroso, estamos acostumbrados a querer terminarlo directamente, y es ahí en donde llegan todos estos maquillajes.

Dicen que el conocimiento quita el miedo (como hacen quienes temen a volar, por ejemplo). Quizás sea realmente necesario conocer al problema, porque allí se encuentra la disolución.

Por último, Krishnamurti dice que para llegar a ésto sería necesario tener conocimiento sobre uno mismo: Para comprender los innumerables problemas que tiene cada uno de nosotros, ¿no es esencial que haya conocimiento propio? Esa percepción alerta respecto de uno mismo es una de las cosas más difíciles que hay; no significa un aislamiento, un retirarse del mundo. Obviamente, es esencial que nos conozcamos, pero ello no implica que hayamos de separarnos de nuestras relaciones. Sería, por cierto, un error pensar que uno puede conocerse a sí mismo de una manera significativa, completa, plena, mediante el aislamiento, la exclusión, o acudiendo a algún psicólogo o a algún sacerdote; o que puede aprender conocimiento propio por medio de un libro. El conocimiento propio es un proceso, no es un fin en sí mismo; y para conocernos debemos estar atentos a nosotros mismos en la acción, la cual es relación. Uno se descubre a sí mismo, no en el aislamiento, no en el retiro, sino en la relación: relación con la sociedad, con nuestra esposa, nuestro marido, nuestro hermano; relación con la humanidad. Pero descubrir cómo reaccionamos, cuáles son nuestras respuestas, requiere un extraordinario estado de alerta mental, una notable agudeza de percepción.

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