La belleza

La importancia de la belleza humana siempre ha formado parte de las culturas y civilizaciones de la que nos ha hablado la historia oficial, pero en la actualidad se ha transformado casi en una condición sine qua non para toda aquella persona que quiera triunfar, sea el rubro y ambiente que elija. ¿Qué es la belleza?

El continuo ataque en los medios masivos de información y comunicación que indican que tenés que ser hermoso le ha dado identidad a la propia belleza actual. El fenómeno puede observarse agresivamente en las mujeres que, gracias a la implementación de bótox, colágeno, siliconas, estiramientos, liposucciones y eliminación de costillas, han logrado que todas se vean igual: monstruos de rostro rígido, cintura irreal y exageradas curvas de plástico.

En una interesante documental llamada “El cuerpo de las mujeres” la directora planteaba una cuestión interesante que puede llegar a aclarar el panorama: “las mujeres se ven al espejo con los ojos del hombre”, y quizá sea el punto de partida de la alocada competencia por intentar verse más “bellas” (o lo que creen ellas que puede ser belleza). ¿Cómo podemos darle tanto poder sobre nosotros y con tanta liviandad a otra persona? ¿Por qué necesitamos constantemente la aprobación de los demás? ¿La manipulación sobre el cuerpo se debe a los miedos, como puede ser dejar de formar parte de “esa” sociedad, o simplemente lo hacemos para aumentar nuestro ego? ¿Y si nuestro miedo es ese, el no pertenecer más a “esa” sociedad, no es otra forma de alimentar nuestro ego?

La búsqueda de la belleza no sólo es un concepto femenino. En la actualidad los hombres también se preocupan más por su aspecto estético: depilación, injerto de cabello y consumo de esteroides son algunos de los recursos disponibles. Los deportistas, cantantes, empresarios y hasta el que atiende en el supermercado deben ser estéticamente bellos.

Incluso la belleza siempre ha sido asociada con el bien y la fealdad con el mal, pues basta con recordar cualquier fábula en donde la princesa es hermosa y buena y la bruja es fea y mala. Algo similar sucede con la izquierda y derecha (siniestro es malo y diestro es bueno) y blanco y negro (la luz y la oscuridad). Los seres humanos estamos muy acostumbrados a insertar rótulos como para facilitar la división entre nosotros.

Pero aquí viene un punto interesante que nos puede llegar a servir para meditar más en profundidad. Cuando uno habla de belleza mayormente se refiere a la estética, pero bien sabemos que también existe la espiritual, la luz del corazón y alma. La belleza estética, si bien hoy consta de mujeres de enormes pechos y colas y hombres depilados y musculosos, no siempre fue así. Hace varios años atrás la belleza de la mujer pasaba por lo “rellenita” que era porque significaba buena salud. Más atrás en el tiempo la belleza en el hombre pasaba por tener grandes pelos en el pecho y frente grande (culturas como la de los romanos y griegos). Los mayas creían que el estrabismo era símbolo de belleza a tal punto que hacían practicar a los niños para forzarlo. En zonas como Palestina y Egipto la belleza en las mujeres pasaba principalmente por los ojos. Está claro que los cánones de belleza estética han ido cambiando con el correr de los años, pasando desde el peludo al pelado, del bajo al alto y del flaco al gordo.

Ahora, seguramente les ha pasado de ingresar a un salón o fiesta y que le caiga bien un desconocido casi instantáneamente, entablando una conversación por varios minutos. La belleza del interior, formada por la espiritual y la gracia, inteligencia, simpatía y encanto, también se la rebuscan para llamar la atención, y en varias ocasiones hasta supera al aspecto físico al punto de no recordar cómo era esa persona. Una frase maravillosa del escritor español Pío Baroja decía “Me pareció tan bonita que no podía recordar luego cómo era”.

La belleza estética ha cambiado y seguirá cambiando con el paso de los años, lo que no confirma que lo físico es totalmente superficial y es una cuestión de moda, culturas y castas. En cambio, la belleza espiritual sigue manifestándose de la misma forma desde siempre. Es un claro indicio, para los pragmáticos que sólo creen en lo que se puede tocar, que existen fuerzas mucho más poderosas y que no se ven con los ojos si no con la energía propia. Pero para poder “sentir” esa belleza, y aquí me pondré un poquito “krishnamurezco”, posiblemente sería un poco más fácil si dejáramos de alimentar tanto a nuestro “yo” ego y así dejar de vernos reflejados en la otra persona, o vernos a través de los ojos de la otra persona.

¿Nunca les pasó en un sueño que al otro día recuerdan la sensación que tuvieron al experimentarlo pero les cuesta recordar con precisión el lugar y la/s personas con la/s que se estaba? Incluso ni siquiera registramos la voz de quien nos hablaba. Es que recordamos las emociones y sensaciones por sobre los colores, texturas, tonos de voz. Hasta resulta difícil recordar los tiempos (se pueden vivir todas unas vacaciones en un sueño de pocos minutos). ¿Quién recuerda el pasado en la historia del sueño? En los sueños no tenemos percepción del tiempo (algo de lo que hablaba el personaje de Julio Cortazar en El Perseguidor, Johnny Carter -evocando a Charlie Parker-). La belleza espiritual actúa de forma similar, no se recuerdan los espacios físicos, vestimentas, tiempos. Lo que se percibe es esa energía, esa luz propia. Y para cuando uno logra percibir esa luz, ¿acaso importa el tamaño de los aros de la mujer, o si es una cena en un lugar de primer nivel? La conexión espiritual atravesará tus ojos y los de ella (en el caso que estemos hablando de una cena con una mujer) y pasarás a quedar ciego físicamente, pero abierto espiritualmente. ¿Nunca les pasó de tener a una persona al lado hablándoles -en este caso el mozo preguntando por el vino que deseamos- y no prestarle atención, al punto de no verlo ni oírlo?

Otras interrogantes interesantes serían: ¿La belleza física puede alimentar a la espiritual? ¿Y viceversa? Si a mí me gusta hacer varios kilómetros en bicicleta por día para quitarme el estrés laboral y liberarme, ¿estoy alimentando a la física, espiritual o ambas? Se puede meditar mucho al respecto.

Finalmente, con esto no quiero decir que sería bueno no peinarnos, bañarnos ni vestirnos más y salir así como estamos, tan solo me gustaría darle más oportunidades a la belleza a la que no le importa ni el espacio ni el tiempo.

NOTAS/REFERENCIAS:

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