El odio irracional de los argentinos

La muerte del ex presidente Néstor Kirchner demostró una vez más la incapacidad de los argentinos para debatir, consensuar y separar contenidos durante los acontecimientos sin dejar de respetar y mantener las propias convicciones.

La muerte de los artistas suelen llevar al mismo final. Si uno recuerda los últimos fallecimientos en el espectáculo, como Sandro o Mercedes Sosa, notará que nadie se peleó con nadie por el pasado del difunto. Incluso Fernando Peña, con sus pensamientos radicales y su constante rebeldía, terminó siendo recordado por muchos y respetado por otros.

Pero en la política hay un factor fundamental (además de tomar las riendas de la gestión pública) que difiere de los artistas: el concepto de tiempo. Cuando un político muere tras varios años de haber dejado su cargo más importante, por lo general es recordado con respeto u olvidado. Tal es el caso de Alfonsín que, habiendo sido insultado hasta el hartazgo durante muchos años (y tengo recuerdos de eso), muere bajo un manto de respeto principalmente por haber sido quien fuera el primer presidente democrático tras la última dictadura y haber enfrentado a la oligarquía del campo en la Sociedad Rural, entre otras cosas.

Practicando un poco de ucronía, si Kirchner hubiese muerto 20 años en el futuro y habiéndose retirado del escenario político, posiblemente hubiese sido recordado con afecto por la mayoría y olvidado por un gran porcentaje del resto de la gente.

Pero Néstor Kirchner murió en plena actividad, controlando el partido, siendo el esposo de la presidenta y habiendo fundado un reciente movimiento con mucha fuerza. Era de esperar que, así como construyó halagos, también construyó rechazos, y se expresaron en todos los medios de comunicación posibles. Por Facebook familiares y amigos se sacaron las entrañas con frases como “si yo nunca lo banqué no tengo porqué respetarlo ahora”, por Twitter famosos, políticos y militantes expresaron sus sentimientos antagónicos, y en la televisión, prensa gráfica y radial todos los opinólogos no tardaron a matarse unos a otros con frases como “tal periodista publicó una nota sobre la crisis que se viene aún estando el cuerpo caliente”.

Los argentinos sacamos, fiel a nuestra costumbre, los colmillos y fuimos al choque sin perder el tiempo. El que pensaba callarse, al ver un comentario que no le gustaba para nada en algún artículo publicado en internet, terminó ingresando y respondiendo con la espada en la mano.

Mientras aún se llevaba a cabo el funeral, nos convertimos en caníbales que discutíamos por política, historia y economía. Todo el mundo se apresuró a sacar su listado de “3 cosas” por las que odiaba o amaba a Néstor, y con eso bastó.

No supimos callarnos por unas horas, respetar el dolor de quienes lo sufrieron y esperar el tiempo prudencial para realizar una evaluación más completa sobre el ex presidente. Y ojo: he criticado y criticaré muchos aspectos del kirchnerismo.

Somos una sociedad canibalista sedienta de sangre  con la constante necesidad de poner en práctica nuestro “riverboquismo”, y no sabemos manejar los tiempos para encontrar con objetividad los conceptos importantes de una gestión.

Somos antagónicos, siempre.

5 Respuestas a “El odio irracional de los argentinos

  1. lufepa33@yahoo.com.ar

    “El odio irracional de los argentinos”. “Somos una sociedad canibalista, sedienta de sangre…”
    Seleccioné el título de este trabajo en el que autor alude al odio y una frase que creo es su consecuencia cuando dice: ” somosss…..una sociedad canibalista y sedienta de sangre”. Esto me parece una exageración y lamento contradecirle. NO ESTOY DE ACUERDO QUE LOS ARGENTINOS…. ESTEMOS CON UN ODIO IRRACIONAL.- Creo es una generalización injusta. De hecho, creo que la gente es buena y normal , en un noventa por ciento, es decir en su mayoría . Examinando uno mismo entre las personas conocidas de nuestro propio entorno personal, uno puede comprobar esto haciendo dos listas. Una a la derecha enlistando la gente buena que conocemos y a la izquierda a los que consideramos malos por algo objetivo, real, no por una mera suposición o conjetura no respaldada por hechos. Así podemos comprobar que la gente buena es mucho más que la otra. No me parece justo que por unos pocos antisociales se ponga en la misma bolsa a las personas sociales creativas y constructivas, que son las necesarias en la sociedad. Son esas gentes que honestamente les gusta hacer el bien y aspiran ver más gente feliz cada día por que estas tienen muy claro el hecho de que la “gente feliz no causa daño”. Claro que es cierto que algunos pocos de la personalidad social – o sea la gente buena – pueda estar contagiada por las aberraciones del antisocial, esos otros pocos que quieren confundirnos y hacer que creamos que toda la gente es mala. Porqué lo hacen ?. Porque estan aberrados y todas las aberraciones son contagiosas.

    Pasando al tema del odio y basándome en lo que conozco digo que el odio es enojo y el enojo es odio. El verdadero enojo o anger – en inglés – está sujeto por el odio. En una escala imaginaria para medir el nivel de las emociones tratando de comprender las características de la conducta humana, tenemos que una escala que va de cero a cuarenta, según un estudio, el odio estaría ubicado en la banda de 15 , o sea que el individuo está muy abajo en la escala. En esta banda la persona está como atorado crónicamente y siempre muy enojado, tratando de que todo ( personas y cosas) esté quieto, parado. Es una manifestación irracional de la conducta. Es decir que el odio es algo irracional y por lo tantol está fuera de toda “razón”, está fuera de lo que es la cordura, como expresión de salud física y psíquica o mental y espiritual; aunque puede que el individuo vocifere y escandalosamente explique “sus razones” y afirme que está en lo correcto y todos los demás equivocados. Sus “razones” son irrebatibles y a pesar del esfuerzo y buena voluntad que se tenga, dificilmente se puede llegar a ningun acuerdo sano, creativo y constructivo acerca de algo que uno considera útil y bueno para alguien, una persona, un grupo, o una nación o el planeta. En cambio, Sí podemos encontrar que el individuo que está enceguecido por el odio, siempre está dispuesto a dar toda su cooperación y de hecho, a unirse a otros de su misma condición y tono emocional en acuerdos destructivos o en empresas grandes o pequeñas en los que se busque aniquiliar, destruir sin piedad, parar gente y hacer que fracasen y en beneficio de pequeños grupos que son de su mismos intereses y tono emocional. En esto el individuo que odia encuentra gozo. Esta es la conducta que produce a otros seres humanos, infelicidad, gran sufrimiento, fracaso y pérdidas, guerras y muerte . Es decir que el odio es una poderosa emoción humana, que en forma crónica u ocacional, genera un comportamiento totalmente fuera de control,. En otras palabras. es una conducta que se muestra desequilibrada, sin establidad, sin sensación de bienestar , como es lo deseable y es típico de la condición de salud de una persona buena, solidaria y feliz.
    En resumen, el enojo es una emoción que se expresa con ODIO violento y explícito , y que puede oscilar con el resentimiento expresado o nó, y en la medida que no tiene exito en sus propósitos destructivos, el individuo que odia puede caer en miedo y más abajo en pesar o apatía. Es una aberración y como tal tiene capacidad destructiva- repito – y puede ser un riesgo para los demás , para la sociedad, etc.- cuando el individuo cae en psicosis. Una característica que cualquiera puede detectar por observación directa de la persona afectada de odio y enojo es que nunca es veráz. Es capáz de las mentiras más descaradas y destructivas. Es activamente deshonesto y carente de ética. Manifiesta una cierta bravura irracional que normalmente es dañina para sí mismo, y se vuelve indigno de confianza hasta para los seres de su propio entorno cercano.

    Una aberración es conducta desviada y como todas las aberraciones son contagiosas, como se hizo notar antes, es de imaginar el gran riesgo social que significa que personas en esta condición tengan disponibles y a su alcance, sin control y sin límites, los potentes medios de comunicación , tales como la TV, radios, prensa escrita y otros, debido al gran poder de penetración y condicionamiento mental, transformadas y en un eficáz instrumento de lavar cerebros. Estan en esta actividad individuos de gran prestigio social y sin ningún prejuicio, como si realmente estuviesen desempeñando una acción filantrópica. Esto medios, como cualquiera conoce; en realidad son una muy eficáz herramienta de control de masas, y asi se usan. Su alto poder de contagio de aberración y odio, pueden causar epidemia. Entonces aparece la confusión y la incertidumbre. Una mentira se transforma en verdad y causa enojo en muchos cuando queda al descubierto. Las intenciones malignas ocultas no reconocen límites para generar males fomentando violencia é inseguridad, etc.- Y entonces sí, pueden aparecer actos de sangre y barbarie. Nos podemos encontrar con gente experimentando odio y sin saber porqué realmente. Inocentemente no se dán cuenta que en realidad es un odio implantado por gente malintencionada y moralmente enferma. Afortunadamente los jóvenes no ven mucha televisión y conservan su capacidad de ser felices.
    Pero no “somos una sociedad canibalista sedienta de sangre “. Lamento disentir con esta declaración del autor. Seguramente no hay mala voluntad o mala intención en este comentario que me parece algo demasiado absoluto. Relativamente alguna vez puede parecer así, cuando algunos reducidos pero poderosos grupos de poder económico o político, viendo que de algún modo peligran sus intereses, é incapaces de conseguir adhesión pòpular para proteger esos intereses, de la más infame y fraudulenta manera agitan a las masas y con engaños y sin vacilación y sin límites éticos o morales, las instigan y usan, apoyando el ejercicio de la violencia aunque se invoque que algo se hace en nombre de la ayuda.
    Los argentinos somos gente buena, que tiene una gran predisposición para gozar de la vida y ser feliz. El ser humano argentino es inteligente, generoso y solidario. Uno mismo lo pruede comprobar por sí mismo, observando su conducta en cada evento comunitario que haya.- Verdad?.-
    lucía

  2. Convengamos que como sociedad somos bastante jodidos los argentinos. Pero también tenemos que poner en la misma balanza, las injusticias y los atropellos que tenemos que soportar de parte de nuestros dirigentes.
    No creo que, por poner un ejemplo de sociedad tranquila, los alemanes se mantengan en el molde si tuvieran que aguantar a un Moyano, a un Kirchner, o a un D´Elia. Tampoco creo que respeten mucho a un dirigente de esa calaña, si ven que éste se caga en la mayoría y gobierna solo para un séquito de ladris lameculos.
    Con las cosas que hacen nuestros “distinguidos” gobernantes, es imposible no opinar, o guardarles un poco de respeto, sea el momento que sea.
    Analizando la forma que gobiernan y roban, lo pondría a la inversa preguntándo: ¿qué le hizo el pueblo a nuestra clase política, para que nos odien tanto?. Porque en realidad pareciera que nos gobierna el enemigo.
    Tal vez sea odio, pero -en mi opinión- no es irracional. Y esa “capacidad” de indignación no es exclusiva del pueblo argentino.
    No coincido.

  3. Lucas y lufepa: empiezo por decir que no estoy de acuerdo en líneas generales con la visión del post. Tampoco con la visión del amigo lufepa. Creo que ambos “pecan” de simplistas. También me parece que hacen local algo global, es decir que asumen que ciertas características son sólo de los argentinos, cuando en realidad no existen diferencias esenciales entre un argentino, un alemán, un turco, o lo que sea.
    Creo que el ser humano, en el estado corriente de conciencia en el que se encuentra, puede ser todo lo que describieron y mucho más. Puede odiar a un sujeto y al mismo tiempo tener la actitud más noble esperable con otro. Esta aparente contradicción la podemos ver a nuestro alrededor todo el tiempo. No prestamos atención a ella porque existen una gran cantidad de mecanismos psicológicos automáticos que tienen a esconder todo aquello que se nos hace incompresible o aparentemente ilógico.
    El hecho es que creemos que podemos clasificar a la gente de buena o mala, y realmente no es así, “lamentablemene” no es tan simple. No es un tema para discutir en un blog (menos que menos si no puede mediar una cervecita entre opinión y opinión), pero puedo tratar de expresar rápidamente como lo veo yo.
    Las personas podemos funcionar mecánimente o a conciencia. La mayoría de nosotros vivimos en la ilusión de que obramos a conciencia pero es todo lo contrario, estamos mayormente dormidos y obramos mecánicamente. Eso implica que ciertas partes en nosotros reaccionan a agentes externos haciendo que la mayoría de lo que hacemos, decimos, y pensamos sea producto de un “accidente” (por así decirlo) y no de una decisión propia. Siendo mecánicos hoy podemos ser “buenos” y mañana “malos”, claramente depende de las circunstancias. Cuando el hombre adquiere conciencia (conciencia de sí y de su verdadera naturaleza) va siendo cada vez menos mecánico, comienza a tener autocontrol, y puede comporarse consistentemente en un sentido determinado.
    Cuando adquirmos conciencia nos damos cuenta que no es importante si Kirchner está vivo o muerto, si gana la izquierda o la derecha, si sos argentino o alemán; todas estas cosas son triviales. También la conciencia nos permite saber que la expresión de la ira no produce nada útil, y que albergar odio tampoco.
    Es mucho más complejo que esto, pero al menos estas palabras representan muy básicamente como se ve este asundo desde mi perspectiva.

  4. Me gustó el artículo en líneas generales, aunque estoy de acuerdo con quienes opinan en que termina exagerando. Esto no creo que sea por la intención del mismo, ni por el mensaje, sino por ciertas palabras y términos que terminan siendo un poco demasiado gráficos a la hora de hablar de discusiones. (Hablar de sangre y canibalismo al discutir, por más elevada de tono o irracional que sea la discusión, lo lleva a otro plano). Por más que sea inevitable que esto afecte el mensaje en cuestión, creo que el autor (y si no, que me corrija) apunta hacia la polarización extrema de opiniones que se da de nuestra inevitable necesidad de confrontar, lo cual lleva al vaciamiento del valor del debate, y , en este caso, conduce a faltar el respeto en relación a la muerte de alguien. Estoy completamente de acuerdo en la observación de cómo nadie pudo esperar, nadie pudo tomar distancia, nadie supo respetar el dolor de quienes lo sentían.
    Más allá de esto, me parece absurdo criticar algo por generalizar, basándose en algo tan absurdo cómo definir por parámetros completamente objetivos (de quién?!) lo que es bueno y lo que es malo y separar a las personas en dos listas. ‘Los Argentinos somos…’ no sé, ninguno de ustedes me conoce, y ninguno de ustedes puede decirme como soy, y ojo, soy argentino. Sin embargo, creo que yendo hacia un lado o hacia el otro, le doy la derecha al señor raffa, simplemente por observar una sociedad en la que la gente no se respeta mutuamente.
    Me gusto el término ‘riverboquismo’ no se si es tuyo, pero está bueno.

  5. Más allá de los aciertos y desaciertos del artículo, me gustaría resaltar el espíritu autocrítico del autor.
    “Autocrítica”: una práctica que la gran mayoría de los argentinos pareciéramos odiar.

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