El extraño mundo de la resignación

No creo que exista ser humano alguno capaz de decir “yo nunca me resigné”. Todos, en mayor o menor medida, nos resignamos en algún momento de nuestras vidas, y más de una vez. Si entendemos como resignarse al hecho de conformarse, tomar las cosas como son (aunque en principio lo haya negado), darse cuenta que uno no alcanzará con tal objetivo,cumplirlo o dejarlo, es algo perfectamente normal en la vida de cualquiera de nosotros.

De hecho, la resignación no necesariamente tiene porqué estar relacionada con el fracaso, más allá de que la palabra dé esa sensación. También guarda relación con el hecho de despertarse, sincerarse y volver a la objetividad, que forma parte de todo punto de partida. Podríamos poner como ejemplo la idea de un jugador de primera D del fútbol argentino de 37 años que se resigna al hecho de jugar en Barcelona al darse cuenta de la realidad que vive él y su contexto. Seguramente se le bloquea un camino, pero se le abren otros miles.

Ahora bien. Más allá de esas cuestiones normales de la resignación, existe un tipo muy especial de resignación que se transforma en una especie de negación o intención de eludir algo, aún sabiendo que existe. Es un pensamiento latente en la cabeza de muchos pero al que no le prestamos la atención debida. Planteémoslo con ejemplos: Sabés que comer un determinado tipo de comida te hace mal, pero seguís comiéndola (a mí me pasa con frecuencia). Sabés que hablar con tu ex pareja es para conflicto y no aporta nada, pero a pesar de eso volvés a llamar.

Evidentemente hay una especie de programación mental tan fuerte que supera el despertar, esa señal de alerta que recibimos sobre la situación. ¿Por qué la programación es tan fuerte y se encuentra tan firme? La automatización es la respuesta. Nos da la comodidad de la rutina, el evitar pensar y tomar conciencia. Para nosotros es mucho más fácil seguir una serie de parámetros a diario que plantearse toda una nueva serie “de algoritmos”.

El cuerpo y mente tienden a eso, al aplacamiento, y se sienten bien así (hasta que un día sufran las consecuencias).

Tomemos otro ejemplo muy claro: “las víctimas crónicas”. A menudo veo y escucho gente (y seguramente le pasará a varios) que constantemente se queja de todo. El mundo conspira contra ellos en el trabajo, hogar, mecánico del auto, técnico de la computadora, médico, soporte telefónico, familia, todo y todos. El mundo nació y existe para cagarle la vida. Por eso son víctimas crónicas, porque ellos mismos se estereotipan de esa forma. Y lo más curioso es que, partiendo de una desagradable posición (a nadie le gusta recibir un acto que nos transforme en víctima de nada), comienzan a sentirse cómodos en ella. Es inquietantemente alucinante observar este fenómeno: para ellos es mejor estar mal pero sabiendo cómo es ese mal y totalmente acostumbrados, a intentar algo nuevo.

Y ni siquiera estamos hablando del “quejoso crónico”, aquel descontento de todo por el simple hecho de estarlo. Estamos hablando de la auténtica víctima: al que maltratan en el trabajo, estafan en el mecánico o en el banco, y demás (aunque es cierto que, por lo general, hay un poquito de ambos, porque el “quejoso crónico” se sujeta de actos en el que fue víctima auténticamente para luego inventar en propios o exagerar otros y la “víctima crónica” tiende a abusar de la queja).

Me parece que lo primero y fundamental, tal como lo había adelantado anteriormente, es darse cuenta de que algo está mal, que es como una alarma que a veces se manifiesta sola y otras tantas gracias a factores externos. Esas alarmas probablemente surjan en la mente o desde la conciencia. La mente suele continuar analizando los datos registrados hasta que avisa, y en otros casos es la voz interna la que grita y avisa. Por lo general, es mucho más interesante escuchar la conciencia, ya que es la que maneja la intuición y funciona en un modo mucho más profundo.

Dejemos que “discutan” nuestra mente con nuestra conciencia, aún siendo imparciales e inclinándonos más por esta última, que seguramente algo interesante saldrá de ello para poder romper con esa programación que nos lleva al camino de la resignación.

2 Respuestas a “El extraño mundo de la resignación

  1. La conciencia y el corazon, no permiten muchas veces encontrar con facilidad ese camino de despertarse, sincerarse… a mi me ha pasado…

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